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jueves, 17 de marzo de 2011
miércoles, 16 de marzo de 2011
A gustito con la corrupción
La inglesa que vino a Canarias…
Recojo en esta entrada la opinión de una escritora inglesa acerca de la corrupción en España. Es una postura a la que no tenemos acceso en los grandes medios de comunicación actuales… no tiene desperdicio.
«La corrupción más absoluta está presente hasta en los cargos gubernamentales de más alto nivel y desciende, como cabría esperar, a todo el estamento funcionarial. Los españoles consideran que es justo defraudar al gobierno. Al que no defrauda se le considera requetenecio. Si el fraude -no vale la pena andarse con rodeos cuando se trata de una gran lacra nacional- está presente en el ejército, en la marina, en la administración pública, entre los que pagan los impuestos y los que los recaudan, ¿cómo se puede esperar que exista una estricta integridad a niveles menos significativos, entre el empleado y el patrón, o el comprador y el vendedor? Como me dijo un inglés, que lleva negocios muy importantes en estas islas, la falta de honestidad es muy admirada en éstas; resulta imposible ser honesto, en el pleno sentido que los ingleses dan a dicha palabra. "Si tuviera que dar", continuó diciendo, "las cifras reales de lo que compro y de lo que vendo, la cantidad que tendría que pagar de impuestos no sólo absorbería cada penique de mis beneficios, sino que incluso tendría que gastar parte de mi capital para poder satisfacer las exorbitantes demandas del Gobierno. Por tanto, hago lo que hacen todos los españoles, y lo que el propio recaudador de impuestos espera que haga: declaro aproximadamente la mitad de todo aquello que sea gravable". Esta forma de actuar es tan corriente que el Gobierno debería reducir inmediatamente todos los impuestos, abolir el enorme número de absurdas tasas que recaen sobre el comercio y, de este modo, animar al país a ser honesto, insistiendo firmemente en que se declarasen las ganancias exactas. Desde un punto de vista económico, es indudable que el Gobierno sería así mucho más rico, mientras que el beneficio moral para el espíritu nacional sería valiosísimo. Por desgracia, las masas de la nación son ignorantes; hay una gran multitud que sigue siendo intolerablemente supersticiosa; son relativamente pocos los niños que asisten a la escuela, y cuando asisten, los profesores en general son poco eficaces. A todo esto hay que buscarle remedio antes de que España pueda aspirar a volver a parecerse a lo que una vez fue. Las reformas deben hacerse verdaderamente desde el pueblo o todos los esfuerzos, por muy paternalista que sea el Gobierno, serán en vano. Si España dejara a un lado su política exterior y concentrara su atención y sus energías en estas reformas internas, muchísimo más importantes, lograría un progreso constante y contaría con el apoyo de casi toda Europa. Su potencial es enorme, y espero de todo corazón que este país, dejando a un lado viejas costumbres retrógradas e impidiendo consideraciones partidistas y gremiales, se dedicará seriamente a su progreso interno».
¡Qué novedosa opinión!
Lo que no os encaje se debe a que la escritora de este texto se llama Olivia Stone y está contenido en Tenerife y sus seis satélites, ¡de 1887! A pesar de varios ítems desfasados (como la bajada de impuestos, que se aplicó y no ha resuelto el problema), tiene una vigencia sorprendente. Este texto representa lo ridículo de las discusiones acerca de los «paladines de la corrupción», sobre quién es más corrupto.
Aceptémoslo, los políticos no emergen de la nada, emergen de la sociedad de las cuales son ciudadanos; no son un ente asocial, son una representación de la sociedad; si nuestros políticos son corruptos, nuestra sociedad es corrupta (no obstante, España no figura entre los países con mayor percepción de corrupción del mundo).
Para eliminar el problema debe haber un cambio de mentalidad (los cambios históricos más lentos), ya que la población vive acostumbrada a este margen de corrupción. Es propio del ser humano adaptarse al medio -social, en este caso- donde vive y utilizarlo en su propio provecho si tiene la oportunidad. En los países nórdicos, en donde los índices de corrupción son muy bajos, no cabe duda de la relación con el medio geográfico, de la necesidad de priorizar el bien común para la adaptación exitosa al medio. En cambio en latitudes más bajas, vivimos echándoles la culpa a otros, a la vez que vemos la corrupción de nuestro círculo social y la propia como algo normal y lógico, de derecho. Y de hecho, no denunciamos la corrupción o fraude que vemos en el día a día, aunque esté ejercida por la clase dominante -empresarios por ejemplo-, la asumimos como normal.
La mala reputación de los funcionarios
Resulta irónico que el comentarista de la versión española, 108 años después, defienda al sistema español de la opinión de Stone: «quizás denuncie un tanto a la ligera al decir que afecta a todos los rangos del funcionariado». Haciendo uso de razón, ¿quién lo negaría? Por ejemplos contrastados tenemos desde el político de turno hasta el opositor con enchufe. El libro está editado por el Cabildo de Gran Canaria, el matiz del comentarista ya sabemos por donde puede venir.
No obstante, se tiende a criticar a la clase trabajadora, como el caso de los funcionarios, simplemente por tener unas condiciones laborales que quisiéramos tener (no entro a juzgar la situación laboral del funcionariado). Consideramos como indebidas sus condiciones laborales al sentir que forman parte de la clase trabajadora, y esta no puede tener privilegios laborales; los asalariados de empresas privadas no los tienen, a eso estamos acostumbrados y eso nos inculcan. Se acepta implícitamente que la clase burguesa es la única que puede aspirar a buenas condiciones laborales, lo contrario es un chollo o ilícito; en el caso de los funcionarios, es lo segundo.
La connivencia en las urnas
Tampoco la denunciamos en las urnas, donde los partidos corruptos siguen siendo, casi completamente, los únicos con representación. Esto gracias en buena parte a la abstención (la ley electoral y la desinformación son otras causas). Los que no votan, es de suponer, son los descreídos del sistema político, por tanto sus votos no estarían en consonancia con el sistema bipartidista actual. Si hiciera falta o contribuyera para mantener al sistema actual, el debate sobre la obligatoriedad de la votación electoral estaría como mínimo sobre la mesa, como ocurre en otros países europeos ya implantada.
Corrupción hoy y siempre
El texto es indicador de la importancia de situar en su contexto histórico los acontecimientos actuales. La corrupción es un problema en España desde hace siglos, en el devenir histórico quedarán como banales los casos de corrupción actuales; la verdadera noticia debiera ser cómo es posible que la clase política siga corrompiendo después de tantas décadas. No se informa sobre la permisividad social y punitiva de la corrupción, ya que esto atenta contra el modelo de desinformación: se informa sobre lo que no es relevante, disfrazado de trascendental, realmente la información se mueve en los cánones que les interesan a ellos para representar su circo bipartidista; un caso de corrupción aquí y otro allá, maquillado según convenga, pero nunca plantean las soluciones ni causas del problema.
Esta solución no se logrará responsabilizando únicamente a los políticos, paradójicamente, por los mismos que los votan o ignoran. La información veraz es que el PPSOE y nacionalistas varios -en Canarias sobre todo-, son partidos corruptos, en donde se permite y apoya públicamente a los corruptos. Y, en contraposición, existen partidos -y países- que tienen tolerancia cero con los corruptos. Para acabar con el problema de la corrupción y fraude hace falta una persecución rigurosa de este tipo de delitos, un posible cambio legislativo y mayor dureza punitiva. Inclusive plantear medidas motivadoras para denunciar el fraude. Debe ser una solución desde arriba y desde abajo a la vez, integral. Un cambio de mentalidad que lleve al pueblo a ver reflejadas sus ideas en el parlamento, algo más extraño de lo que se piensa en nuestra democracia.
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Etiquetas:
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viernes, 11 de marzo de 2011
¿Países de derechas...?
Cómo viven mis amigas la crisis y la revolución
Mi amiga la de izquierdas defiende al socialismo y ataca al neoliberalismo. Además, critica el bloqueo mediático y desinformación de los medios de comunicación del Norte, y reprueba las intervenciones militares con fines económicos ocultos. Mi amiga, no entiende cómo la gente de clase trabajadora vota al PP, mientras que el PSOE no es nada más que la cara amable del sistema. Mi amiga de izquierdas ve claro que el sistema se regula a la perfección; dosis precisas de poli malo y poli bueno aderezadas con la morralla refinada de los medios de comunicación; la “democracia” es la dictadura perfecta. Mi amiga, opina que el capitalismo es el pasado y asistimos al nacimiento de sociedades mejores en Sudamérica y, ya veremos, en África, basadas en la democracia participativa.
Mi amiga la de derechas vive en un país capitalista, disfruta de la sociedad del bienestar. Mi amiga, no se preocupa por su subsistencia, ni siquiera por prepararse la comida. A mi amiga la recomendaron a dedo, tiene un buen trabajo que compagina con sus estudios. Está en connivencia con su empresa, que defrauda a hacienda mediante su contrato. Mi amiga de derechas no se manifiesta en contra del recorte de derechos laborales. Mi amiga, consume al estilo capitalista: tiene coche propio, compra aparatos electrónicos de última generación, le gusta tener mucha ropa y viste de marca, viaja cada año por vacaciones y sale de restaurantes con frecuencia. Mi amiga de derechas tiene un ciclo vital semanal, de finde en finde, de borrachera en borrachera. Mi amiga, compra productos fabricados por esclavos. Mi amiga de derechas juega a la lotería, es rica y le gustaría serlo más.
¿Podrían mis amigas tener la misma ideología o ser la misma persona? Si nuestra ideología es de izquierda, pero nuestro quehacer es de derechas… ¿somos de izquierda o somos de derecha? ¿Es compatible esta dicotomía sin caer en la hipocresía? Es fácil hablar y pensar, lo difícil es predicar con el ejemplo.
Lacayos del capitalismo
En internet están circulando mucha información y opiniones de izquierda acerca de la crisis en el Norte y revolución en el Sur; sobre todo acerca de la responsabilidad y lucro del establishment [i]y su evasión sin culpa, lo que no discuto. Pero, ¿y la responsabilidad del pueblo? ¿De cada uno de nosotros? Es indiferente que pensemos en términos de izquierda o derecha; somos beneficiarios de un sistema que explota a la gran mayoría de la población mundial.
A pesar de la crisis, en Europa Occidental la mayoría vive sin pensar en la subsistencia, y todavía nos queda el Estado del bienestar. A escala global, somos ricos, somos países de derechas, los malos de una maniquea película hollywoodense. Lo peor es que somos los lacayos (la clase trabajadora), esos que mueren sin trascendencia alguna en las pelis. Al menos, mi amiga de izquierdas se plantea su posición como lacaya del capitalismo y tiene el color de su voto claro; mientras mi amiga de derechas entrega su cuerpo y mente a sus señores, señores del capitalismo.
Aún así, las revoluciones africanas están mostrando que para el cambio hay que estar comprometido, ellos están dispuestos a perder hasta la vida ─aunque poco les queda que perder─. En Occidente tenemos muchas cosas que no estamos dispuestos a perder, todavía nos compensa trabajar, o vivir de otros que trabajan, para el establishment. Consciente del relajamiento político y sindical de la población, el neoliberalismo avanza, a pesar de la encrucijada de algunos explotados revolucionados y muchos lacayos expectantes.
¿Serán la izquierda y los marginados suficientes para asistir a revoluciones sociales en el Norte?
El establishment sabe que esta situación no debe escapársele de las manos, la historia lo ha demostrado, es vulnerable; el estado del bienestar es una concesión, pero también un derecho ganado a pulso, que nació de esta vulnerabilidad. Su estrategia hasta ahora ha sido minar el terreno poco a poco (en España: Reforma Laboral, Ley Sinde, Presupuestos del Estado…) y distraer para que no nos demos cuenta (fútbol, telebasura, desinformación…). La cuestión es si las minas deberán estar en nuestra casa para asumir esta lucha como nuestra. Asumamos nuestra responsabilidad cívica de parar la corrupción del establishment, de estar comprometidos con el cambio. De relegar el interés privado, el capitalista, y elevar el interés de la ciudadanía; de organizarnos de lo local a lo global y no viceversa, como hasta ahora. De arriesgar y estar dispuestos a perder para que otros ganen, de ejercer de forma pacífica nuestros derechos y deberes ciudadanos, de construir la alternativa. Hay muchas clases de protestas, haz que tu voto sea una de ellas.
www.democraciarealya.es
El establishment sabe que esta situación no debe escapársele de las manos, la historia lo ha demostrado, es vulnerable; el estado del bienestar es una concesión, pero también un derecho ganado a pulso, que nació de esta vulnerabilidad. Su estrategia hasta ahora ha sido minar el terreno poco a poco (en España: Reforma Laboral, Ley Sinde, Presupuestos del Estado…) y distraer para que no nos demos cuenta (fútbol, telebasura, desinformación…). La cuestión es si las minas deberán estar en nuestra casa para asumir esta lucha como nuestra. Asumamos nuestra responsabilidad cívica de parar la corrupción del establishment, de estar comprometidos con el cambio. De relegar el interés privado, el capitalista, y elevar el interés de la ciudadanía; de organizarnos de lo local a lo global y no viceversa, como hasta ahora. De arriesgar y estar dispuestos a perder para que otros ganen, de ejercer de forma pacífica nuestros derechos y deberes ciudadanos, de construir la alternativa. Hay muchas clases de protestas, haz que tu voto sea una de ellas.
www.democraciarealya.es
[i] Definición de establishment: Conjunto de personas, instituciones y entidades que controlan el poder político y socioeconómico en una sociedad, e intenta mantener el orden establecido. Fuentes: Diccionario El País online y María Moliner v. 3.0.
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viernes, 18 de febrero de 2011
La mediocre universidad española -según un estudiante-
Introducción
Si hay algo que pueda decir de la universidad es que muchos de mis compañeros y de mis profesores no rendimos a un nivel óptimo. Por la actitud de estos últimos, percibo que no se sienten nada responsables del descenso pedagógico en las aulas universitarias; aunque sea evidente que son parte del problema y de la solución. Y es que en mi experiencia universitaria la gran mayoría de profesores han sido mediocres. Aunque hay excepciones, la mayoría son para mal; porque algunos son incalificables, son el uno, del uno al diez, porque no se permite calificar con cero.
Valga decirlo, muchos alumnos también somos mediocres. Pero nosotros no cobramos, o cobramos muchos menos; no tenemos tanta capacidad individual o responsabilidad en el sistema universitario, nosotros debemos aprender y formarnos. Mientras que el profesorado debe enseñar, el profesor debe ser, incluso, un ejemplo de conducta y moral.
Antes de proseguir, dos puntualizaciones. Las siguientes circunstancias se pueden extrapolar a un buen número de facultades españolas, pero se basan en mi experiencia y apreciaciones. Segundo, esta entrada no tiene la intención de hacer una crítica al modelo público de la enseñanza; es, simplemente, una crítica de un alumno desde su pupitre, una respuesta a la postura de muchos profesores, respuesta cobarde, ya que no fue dada en su momento.
¿Estudiar… para qué?
Reconózcase o no, los jóvenes estudian en mayor o menos parte porque piensan que mejorarán su futura posición laboral. Ahora pues, ¿les beneficia a los estudiantes, que no titularían con un sistema pedagógico, titular con el actual sistema de mediocridad? Pues no, no les interesa, les interesa dedicarse a algo en lo que sean buenos. En los casos donde se produzca lo contrario, será síntoma de la actual falsa meritocracia y sistema de enchufes del mercado laboral español de los que no escapa la universidad. ¿Les beneficia a los posibles buenos estudiantes verse arrastrados por esta corriente de mediocridad en vez de aumentar su calidad como estudiantes? ¿Les beneficia la saturación de graduados? En el cortoplacismo, estos pueden no planteárselo, pero a la larga...
Un ejemplo lo ha puesto de manifiesto la actual crisis. ¿Cuántos alumnos no renegarían de sus títulos universitarios por ser miembro de alguno de los cuerpos de seguridad? La oportunidad la tuvieron, al salir del bachillerato, cuando aún había muchas plazas en las ofertas de empleo público, ¿hubiera mejorado al funcionariado la entrada de esta juventud con, al menos, ciertas inquietudes intelectuales?
El día a día de mi universidad
A la desgana del alumnado, a la ley del mínimo esfuerzo el profesorado responde con la misma ley, cuando no genera esta tendencia, ya que en muchas ocasiones son los profesores los legisladores del mínimo esfuerzo. Se demuestra en el día a día, durante el sinsentido pedagógico de las clases “magistrales”, de quienes se salvan apenas los buenos oradores; se demuestra en la impartición con los mismos apuntes universitarios durante quinquenios; se demuestra con el patético sistema de evaluación: exámenes repetidos, preguntas estrellas, apertura de mano, los trabajos pachangas de (Ctrl+C) + (Ctrl+V)… Eso sí, con la legitimidad de la asistencia obligatoria —baremada con una simple firma—. De este modo, la presencia física del alumno en el aula, inerte e inerme, es básica en el sistema de evaluación universitario.
Los profesores y el cambio
La proliferación de universidades en España está construida con base en alumnos y profesores mediocres. Para mi carrera se puede afirmar que a los profesores no les interesa eliminar a los estudiantes mediocres, a no ser que quieran ver alterada su plácida y perezosa posición, fruto de esta proliferación. Mi carrera es una de esas en donde son habituales los alumnos de rebote, el dicho de “el que vale vale, y sino pa´empresariales” se aplica, de hecho, en mi carrera. ¿Por qué la eligen los estudiantes? Porque es fácil, así de simple —aunque algunos se justifiquen pensando lo contrario—. ¿Quiénes hacen que sea una carrera fácil? Pues lo profesores, ni más ni menos. A los universitarios: ¿alguno de ustedes no piensan acaso que sus respectivas carreras podrían ser mucho más difíciles o rigurosas? ¿No tenéis la sensación de que no estáis aprendiendo lo que debierais? Qué pasaría si fuera tan rigurosa: si nos hicieran reflexionar, relacionar, desarrollar espíritu crítico, en definitiva aprender a base de esfuerzo… pasaría un vacío de aulas. Porque, de hecho, una parte importante de alumnos no tiene motivación intrínseca para matricularse y estudiar en mi carrera; lo hacen arrastrados por la inercia, por la nota de corte y por el llamado “síndrome de la titulitis”[1].
Por otro lado, se me ocurren dos opciones para aumentar el esfuerzo estudiantil: primero, recurrir al sistema arcaico de saturación y dificultad arbitraria; segundo, trabajar en línea con el paradigma pedagógico actual, el constructivismo. La primera no implicaría un mayor esfuerzo al profesorado, pero la segunda, la correcta, si lo implicaría y mucho. Repercutiría en un mayor esfuerzo, al preparar sus clases científica y pedagógicamente. La pedagogía, ciencia olvidada en la universidad española, es necesaria y válida tanto en estudios superiores como en básicos; pero para aplicarla, primero hay que estudiarla. Además, los alumnos que cursaran en un sistema pedagógico serían más exigentes y críticos hacia sus profesores, ya que lo son consigo mismos y los profesores lo son hacia ellos.
La conclusión es clara: a la gran mayoría de profesores que conozco les interesa la proliferación de la mediocridad, para mantener ratios aceptables de alumnos; para poder mantener a tantos profesores y materias, para seguir cobrando. En cambio, al alumnado, aunque no seamos conscientes en nuestra época universitaria, no nos interesa ser mediocres, ni le interesa a la sociedad; cuando un alumno mediocre es beneficiado por este sistema, que hay muchos casos, la sociedad española es la que sale perjudicada.
La eliminación de la mediocridad en el alumnado universitario a través de un sistema de trabajo y evaluación más riguroso, más pedagógico, significaría que quedaran solo los alumnos aptos y motivados, los que pudieran transformarse en verdaderos estudiantes. Como mínimo, estaría garantizada la eliminación de buena parte de las materias optativas de mi carrera. Asimismo, me atrevería a decir que sería seria candidata a su supresión en mi universidad por falta de alumnos —sin entrar a considerar lo positivo o negativo de esta situación—. Por ello, posiblemente, tras la marcha de los alumnos mediocres, se marchen los profesores mediocres, los no motivados intrínsecamente ni aptos —paradójicamente una mejora en su desempeño laboral podría incurrir en consecuencias nefastas para sus trabajos—; así el destino de ambos colectivos es el mismo. Para los profesores, el sistema mediocre, mejor que mejor; ¡más alumnos, más profesores!, o dicho de otra modo: más mediocres, más mediocres. ¡Viva la proliferación de titulados universitarios en España!
Reflexiones para mis profesores
Parece que muchos de mis profesores universitarios no son conscientes de su profesión, o directamente le echan muchos arrestos. Su único objetivo en el aula es enseñar, pero hacen gala de su despreocupación pedagógica cada vez que entran en éstas. El más sabio en su disciplina puede ser el más inútil como enseñante. Es evidente que muchos deben de ser conscientes de su nivel como docentes; son pésimos, son pésimos por su actitud y otros por su aptitud. ¿Cuántas horas creen que se deben invertir en la preparación de una clase universitaria de dos horas? Pues no menos de dos, seguro. Ellos saben que con el alumnado borreguil los problemas y el esfuerzo serán menos y livianos, simples anécdotas; se justifican: “No vale la pena prepararse las clases —además es más fácil pasar lista—".
Así los profesores se quejan de sus alumnos, achacan sus dificultades docentes a estos últimos, eximiéndose de paso ellos mismos. Les planteo que se haga las siguientes preguntas reflexivas: ¿Qué le aporta mis clases al alumno? ¿Qué le aporta mis clases al alumno que no le aporte un libro? ¿Qué le aporta mi clase al alumno que venga a clase y no obtenga los apuntes por otro compañero? ¿Por qué es necesario que la asistencia sea obligatoria? ¿Qué sentido pedagógico tiene? ¿Preparo las clases con ánimo de enseñar? ¿Qué puedo hacer por mejorar mis clases? Simplemente, ¿preparo las clases? Honestamente: ¿Soy buen profesor?
[1] Se diagnóstica en la sociedad en donde lo fundamental de la experiencia estudiantil es acreditarse con un título.
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